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Sufrí un Ictus y superé las secuelas

"Siempre fui una persona sana. No bebía, no fumaba, toda mi vida fui muy deportista. Nunca llevé una vida para ser candidato a tener un Ictus, pero las cosas se complicaron."

Fue un 10 de julio del 2009; mi esposa y yo nos encontrábamos en Girona para pasar unos días en familia. Esa mañana decidimos ir a la playa, siempre me ha gustado nadar por lo que invitamos a un amigo. Todo parecía normal, me sentía bien.

Comencé a nadar hasta llegar a las boyas, y alcancé a llegar, pero cuando venía regresando comencé a sentirme muy cansado, por poco y no salgo del agua pero mi amigo me tomó del brazo y me sacó. Cuando salí del mar le pedí a mi esposa una toalla para tumbarme en la arena, y ahí duré unos minutos, después ella detectó que algo no andaba bien porque cuando quería hablarle no se me entendía y mi cara se empezó a torcer, en ese momento llamó a la ambulancia. La ambulancia llegó muy pronto, y fue algo que me ayudó a seguir aquí, porque cuando me empezaron a atender aún no había tanta sangre en mi cerebro.

Los doctores le dijeron a mi esposa que me había dado un Ictus del tipo hemorrágico, un porcentaje alto de las personas que lo padecen, no sobreviven, mueren al momento. Sin embargo, yo sobreviví, pero esto significaba que habría secuelas muy graves. Mi pronóstico era vivir el resto de mi vida con discapacidad, en una silla de ruedas y estar dependiendo de alguien todo el tiempo.

En un inicio yo estaba totalmente inconsciente, no hablaba, no reconocía a nadie, ni los lugares, mucho menos era capaz de moverme por mi mismo. Poco a poco y con la ayuda de mi familia y terapeutas, fui recobrando la conciencia y el habla. Pero lo más difícil fue el movimiento, no era capaz de levantar ni un brazo.

Todo está en la actitud y en las ganas que tengas para querer recuperarte. Yo inicié con rehabilitaciones que me ayudaron a recuperar la movilidad en las extremidades. Iba todos los días por varias horas y el cambio fue casi inmediato, a los 15 días de haber iniciado pude dar mi primer paso.

Una vez dado de alta empecé a hacer gimnasia para recobrar aún más la movilidad, y la mejoría se fue dando con el tiempo. Desde que inicié, ya no paré. Ahora el ejercicio forma parte de mi rutina diaria.

Es espectacular saber que el pronóstico que los doctores tenían para mí no se cumplió, no soy una persona discapacitada y tengo una total independencia. Hoy en día llevo una vida normal y el ejercicio ha sido una parte fundamental para la total movilidad que ahora poseo. Tengo la gran dicha de levantarme por las mañanas, llevar a mis nietos al colegio, y por las tardes llevarlos al futbol. El cambio que he tenido gracias a la actividad física es bestial y definitivamente hacer gimnasia es lo que da vida.

Alejandro Soler